viernes, 15 de junio de 2012

Cansada

Del ahogo que me provoca tu bufanda, tu cuellos bajo y apretado, tus sueños de caja de zapatos, tus anhelos de papel de diario...
La tristeza de la santificación del error, del pecado jamás osado, de cuando te convencieron de lo que estaba bueno, cuando necesitaste y vine corriendo...
La indignación de las historias que se repiten, del mundo que no avanza y el tiempo siniestro que corre sin venganza...
De la vez que te conté como salia el sol por mi ventana mientras cerrábamos los ojos abajo del agua... del olor de los traidores rancios, del amor y sus dolores inhabitados, de los días de lluvia sin stereo, de las promesas que jamas se cumplieron...
De los años que no vienen solos, de los cajones que rebalsan de hastio, de la certeza de no haber nacido así, del horror y espanto del mundo, de la mentira que se vive en masa y la ilusión de volver a casa... las canciones que ya no riman con nada, de los besos desesperados a mitad de cuadra.
De la ventana del cuarto que se empaña y la corriente del séptimo que todavía te llama... de los atardeceres que sacan lo mejor de mi y la montaña de ropa semi lavada que habita una silla al lado de mi cama.
Del sin sabor de los errores caros, de las luchas continuadas, de los pesos en la espalda, de las guerras de otros, del viento fuerte a las 10 de la mañana...
Del alivio del aire nuevo de la madrugada, el enemigo intimo que vive entre las sabanas, las pesadillas de mil vueltas que se transforman cuando estoy despierta, la verdad de la palabra atornillada, la tristeza en la cara y la hipocresía de una vida maniatada...
El amargo de una ensalada prestada, de la nostalgia de haber vivido bien, de la alegría de ver girar al mundo en armonía, del aburrimiento de hoy, de los besos, los celos, los dichos y entredichos, de las malas lenguas, de las serpientes feas, de cuando ya nada tenemos que ver, de la infancia que se esfuma en un volver a elegirse, o no.