Mientras colorean Florencia a mi lado y la verdadera se ilumina a mis pies, un muchacho acompaña con su voz este atardecer. Entre tanto veo a esa niña, que podia haber sido yo... aca, en plena soledad repleta de compañia lejana se hace claro en mi la idea de invisibilidad, de insignificante existencia.
En medio de este atardecer florenctino plagado de instantaneas memorables, de acordes ya oidos, de despedidas y encuentros, en estas escaleras en lo alto, que hoy son para mi la cima del mundo que habito, Ese ruido acomplado que solo me aleja mas y mas del presente, esas nubes que a duras penas intentan tapar el sol en pleno verano italiano, esa luz dorada que que no quiere irse y refleja los puentes en el rio.
Tantas calles recoridas para sentarme a disfrutar el olvido, tantas vidas pasadas caminan las ciudades conmigo, con este cuerpo que pesa mas de lo que deberia y este alma que lucha por resucitar de un tiempo que no fue el mio.
Las verdaderas estrellas brillan tambien cuando no se ven; pero las voces apagan cualquier intento de aislar los ruidos de antes que siguen retumbando adentro y este paisaje de romantica melancolia me devuleve al sitio donde empece a llenarme de porqués y como si puediera adivinar mi adentro y me devuelve la viva sensacion de tocar con las manos la tan ansiada libertad, como si me concediera el permiso de ir mas alla y quedarme a esperar el brillo de las primeras luces que como pequeñas llamas de esperanza se abren camino y hacen luz sobre un futuro incierto que tardara mucho en llegar.
Como siendo invisible ahora, me vuelvo transparente y se puede apreciar todo el paisaje atravez mio.
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