viernes, 9 de septiembre de 2011

Dia 14

Con solo abrir los ojos me doy cuenta que el nudo sigue ahi, endureciendo sus pliegues en lo alto de mi vientre, sogas de silencio, resignacion y sobre todo desprecio, un nudo de odio jamas antes sentido, todo mezclado con la fuerte necesidad de que este suplicio acabe y la poderosa creencia de que seria hacer lo correcto.  Nadie deberia salir impune de una situacion como esta...
Logro juntar las fuerzas necesarias y me levanto de la cama, salgo con el ultimo suspiro y bajo las incomodas escaleras temiendo la respuesta de mis piernas acalambradas de desgano. Atravieso el lagro pasillo en penumbras, donde flota el polvo en un claroscuro repleto de tristeza y ese olor nauseabundo que tienen los ambientes si ventilar, logro dar con el jardin, en donde veo que el sol recien esta despertando y en la mesa estan las tazas dispuestas para una comida tensa entre dos, el aire se hace espeso y el nudo sube desde mi alto vientre para estacionarse en la garganta, se hace dificil respirar, estoy segura de que las palabras no van a salir desde ahi, hoy la angustia es demasiado grande y no da lugara la mimica, esta manana esta llena de hastio, por demas.
Levanto la mirada y solo encuentro su boca mascando desagradablemente ese trozo de pan que se aferra al paladar, veo como se va despedazando y el ruido que acompana los movimientos de su mandibula, la situacion se vuele insoportable, subo la vista unos centimentros y encuentro ese par de ojos almendra, vacios de expresion, fijos en la nada con el mismo aire de desprecio y desaprovacion en esa mirada que todo lo juzga.
 Mi cuerpo ya es una maquina independiente de mi voluntad conciente, no puedo detener que el odio gane batalla frente a otro sentimiento... intento comportarme normal, casi lo logro, cuando siento la fuerte urgencia pasional de la accion que ya es inminente, aprieto el mantel buscando paz, respirar es cada vez mas dificil y mi mente no responde...
Todo comienza a verse confuso, con la mano derecha busco decidida el cuchillo mas grande que hay en la mesa, siento ese calor que viene de la adrenalina de estar haciendo lo correcto sin importar adonde me lleve eso, aprieto el mango de madera como si pudiese romperlo y en mi las voces murmuran aunque no puedo escucharlas, de golpe ya no veo y tomo conciencia del cuchillo que duele en mi mano derecha, mis sentidos se bloquean por completo y un impulso veloz y firme mueve mi brazo derecho desde lo mas alto de mi hombro, al mismo tiempo grito muy fuerte, me pongo de pie todavia ciega.
El impacto es blando, arrastro como rasgando, en un segundo todo se vuelve claro y el sol ya brilla alto, respiro con normalidad ese aire que huele a Jazmin  vuelvo a mi asiento, escucho el cantar de los pajaron de la manana y sorbo mi taza de cafe helada.

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